En una contundente homilía pronunciada en la Catedral de Asunción durante el IV domingo de Cuaresma, el cardenal Adalberto Martínez Flores, arzobispo de Asunción, criticó con firmeza a aquellos que utilizan la religión como una fachada para la acumulación de riqueza y poder, explotando a otros en beneficio propio.
El purpurado enfatizó que el verdadero progreso social debe estar basado en la dignidad humana y el bien común, y no en intereses individuales que desprecian la vida comunitaria y el respeto por la creación. Inspirado en la parábola del hijo pródigo, su sermón hizo un llamado a la reflexión sobre la hipocresía de quienes ostentan religiosidad, pero anteponen el lucro y el poder por encima de la justicia y la solidaridad.
Martínez denunció especialmente a aquellos que priorizan la acumulación de bienes a expensas de otros, a quienes calificó como personas con “corazones ciegos, con cegueras espirituales”. En ese contexto, recurrió a la metáfora del «perro del hortelano» para ilustrar la actitud de quienes acaparan recursos sin compartirlos con los más necesitados: «Tienen mucho y, como el perro del hortelano, tienen un gran huerto, pero no dejan que otros lo toquen, porque el perro no es vegetariano».
El arzobispo también arremetió contra los denominados “extractivistas”, señalándolos como aquellos que explotan desmedidamente los recursos naturales sin considerar el impacto ambiental y social de sus acciones. “No importa si van a talar bosques o convertir terrenos en desiertos, lo único que les preocupa es que sus vacas tengan pastura para seguir generando ganancias”, expresó en su mensaje.
Asimismo, el cardenal condenó la hipocresía de quienes, pese a ostentar símbolos religiosos, se guían únicamente por la búsqueda de placer y poder. Afirmó que “su religión es el placer del poder y los poderes que dan placer”, agregando que incluso llegan a hacer oraciones para que sus actos delictivos resulten exitosos.
En su discurso, Martínez recordó los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, subrayando que una sociedad justa solo puede construirse a través del respeto a la dignidad humana. Insistió en que todas las políticas públicas deben priorizar el bienestar de cada persona, reafirmando la necesidad de una justicia comunitaria basada en la caridad y la equidad.
El mensaje del cardenal Martínez generó gran repercusión en diversos sectores de la sociedad, reavivando el debate sobre la relación entre la religión, la ética y la responsabilidad social en Paraguay.
Vía Última Hora

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